Vampiros (1/5)

Una mirada a los terrores de la noche (que no brillan)

Colaboración: Salvegar

Introducción

Posiblemente el vampiro sea una de las criaturas que mayor terror han ocasionado en todo el mundo a lo largo de la historia.

Su presencia está documentada en casi todas las regiones hasta las que han llegado tanto el hombre como otras criaturas humanoides, tanto en textos escritos como en obras de arte (tanto de tipo escultórico como pictórico) y las historias transmitidas oralmente.

Se los ha conocido por muchos nombres, casi uno por cada región habitada por seres humanoides, siendo el término más extendido actualmente el de “vampiro”.

Posiblemente el gran impacto que ha tenido en la cultura y el subconsciente colectivo se debe a su capacidad para ocultarse, su falsa apariencia de normalidad que oculta al monstruo bajo la ilusión. Podríamos incluso asimilarlo a una especie de doble personalidad, como sucede con otras criaturas como las que sufren la licantropía. Sin embargo, existe una gran diferencia. El vampiro es, siempre y en todo momento, un monstruo sin alma. Podrá fingir o presentar una apariencia absolutamente normal, pero no existe la dualidad de los otros casos… con una salvedad, tan absolutamente extraña que posiblemente se pueda contar con los dedos de una mano.

Sin duda, el caso más conocido, la excepción más asombrosa y reciente es la del vampiro Angelus, el cual, por medio de lo que él denominó una “maldición gitana”, recuperó su Alma. La presencia de este Alma, un alma atormentada fue lo que lo transformó por segunda vez en su larga existencia y originó esa tercera línea en su vida que es el vampiro Ángel, porque no cesó de ser vampiro aunque sí cesó en sus actividades maléficas para intentar compensarlas con buenas obras.

Pero que nadie se engañe. Es una excepción, una de las pocas que se han dado a lo largo de miles de años y que, como ya mencioné, podemos contar con los dedos de la mano.

Y con esto llegamos al caso más conocido y popular: el Conde Drácula. Posiblemente el vampiro más famosos de la historia gracias tanto a la obra literaria de Bram Stoker como a las numerosas adaptaciones cinematográficas y televisivas muggles, cada una de ellas cada vez más y más alejadas de la figura real y mitificándolo o incluso induciendo a su alrededor un aura romántica de la que carecía en la realidad.

Al respecto, la universalización de su conocimiento entre los muggles es objetivamente gracias a la mencionada obra, la cual no fue realmente la primera en plasmar de una forma más clara a estas criaturas. Años antes fue precedido por John Polidori con su obra “El vampiro” (1819). También son destacables la obra de J. Sheridan Le Fanu “Carmilla”, los “Vampiros” de Voltaire, “El asno de oro” de Lucio Apuleyo o ciertas leyendas talmúdicas que incluso podrían hacernos deducir que Lilith fue el punto de origen de estas terribles criaturas.

Y pese a lo que se ha llegado a rumorear, los vampiros no brillan y detestan la luz solar, puesto que según el momento del día, la cantidad de tiempo expuesto y el tipo de vampiro, puede suponer su destrucción por combustión incendiaría.

La Edad Media en Europa puede también considerarse el momento cumbre de estas criaturas, el momento en que logran provocar las mayores matanzas conocidas, destacándose “Barba Azul”, “la Condesa Sangrienta” y Vlad Tepes “Drácula”. No fueron los únicos, ni sólo Europa su lugar de actuación, pero desde luego han sido aquellos que mayor impacto causaron por la divulgación de algunas de sus terroríficas actividades, así como las de sus séquitos.

Brevemente tenemos que indicar que estos séquitos incluían tanto a humanos o criaturas humanoides que los servían tanto libremente como bajo hechizo o por simple miedo. También era habitual que los más poderosos se rodeasen de necrófagos, licántropos, zombies y otros no-muertos. Pese a ello, la mayoría siempre han preferido actuar en un relativo anonimato, lo cual ha favorecido en gran parte su existencia.

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